Las apariencias engañan

Posted on noviembre 17, 2011

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Homer está en su coche. A lo lejos ve el bar de Moe.

– Bien -piensa-, ya hemos llegado.

A toda prisa aparca, baja del coche y entra en el bar.

– ¡Una cerveza, Moe!

– Hola, Homer. Ten aquí.

–  Por fin, ¡gracias!

La conversación entre los amigos se anima:

– Como van este año los Rangers no ganarán.

– Esta vez van a ganar la liga de fútbol, te lo aseguro.

Es la quinta cerveza de Homer; delante de sus ojos las cosas se mueven.

De pronto, un hombre entra en el bar y dice: “Señores, perdonen las molestias, pero hay un coche rosa aparcado en medio de la calle”.

Es el de Homer. Enfadado, le pega al hombre tres puñetazos en la cara. Cuando está en el suelo le pega cuatro patadas.

– ¡Ten, maldito!

Después se cae borracho al suelo.

En el juicio Homer no se entera de nada; solo que al final el juez dice: ”Declaro a Homer Simpson culpable. A partir de ahora deberá trabajar como policía vial”.

Cuando Homer se da cuenta, se enfada mucho.

– Maldita justicia, ya se las verá conmigo.

Montado en cólera, Homer se dedica a sobornar a la gente con dinero diciéndoles:

– La multa cuesta 60$. Si usted me da 50$ nadie se enterará.

Al cabo de meses, se ha vuelto una costumbre; Homer es muy rico.

– Veamos: 40.000$ , con eso me puedo comprar… ji, ji ji… 20.000 cervezas…

Un día, en el pasillo del despacho de su jefe oye voces.

– Ya sabe por qué: tengo prisa, tengo que ir a casa de Simpson.

A toda prisa, Homer va a casa, regala todo su dinero al Hospital de Springfield y  tira sus esculturas y objetos que se compró.

Suena el timbre, Homer abre.

– Buenos días, señor Johnson.

– Buenos días. Ttengo algo que decirle:  está usted libre del trabajo. Bueno, eso es todo. Adiós.

Cuando sale, Homer se ríe de desesperación.

– Bueno -se dice-, por lo menos he regalado dinero al Hospital de Springfield.

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Posted in: BOP 8